Beraiek, geu - Ellas, nosotras
Como continuación al proyecto ellas, nosotras surge Beraiek, geu, un proyecto de investigación y creación en el que doce fotógrafas vascas actuales dialogan vis a vis con la obra de 12 artistas referentes relacionadas con el País Vasco, pioneras en su ámbito y poco conocidas por el público general.
Los diálogos se completan con retratos combinados que realizo de cada pareja fotógrafa / artista referente, creando imágenes híbridas que hacen de puente entre ambas creadoras, conectando pasado y presente.
El objetivo es la recuperación y reivindicación de mujeres referentes en el arte que nos sirvan de guía e inspiración por sus vidas y sus obras, así como visibilizar y poner en valor el trabajo de las fotógrafas actuales
Se acordarán de nosotras
El escritor romano Plinio el Viejo, en su monumental Historia Natural, recogió la leyenda sobre el origen del arte. Según nos relata, una muchacha de Corinto fue la responsable de crear el primer retrato del mundo al perfilar con pigmento en una pared la sombra proyectada por el cuerpo de su amado, la noche antes de que aquél partiese a un incierto viaje. El deseo de apresar su figura, su anatomía, su memoria, movió a aquel acto de amor convertido en pintura. Su padre, Butades de Sición, conmovido por la tristeza y el gesto de su hija, tomó arcilla entre sus dedos, la colocó sobre la silueta adaptándola al trazo y la horneó para crear la primera escultura. De este modo fue cómo, según el mito, surgieron las artes. Y así fue también cómo, desde el inicio de la práctica artística, se consagró a los varones y se condenó al olvido a las mujeres. ¿Por qué, si no, Plinio se encargó de inmortalizar el nombre de Butades y a la primera pintora sólo la conocemos como “la joven de Corinto”?
Seguir leyendo
Mucho ha llovido desde la Antigua Roma, pero la costumbre de relegar las obras y los nombres de mujer ha permanecido más o menos constante a lo largo de la historia del arte. Y, sin embargo, ellas existieron. Marcela Lagarde puso nombre a este mal endémico, lo denominó “orfandad genérica”. El canon actual nos deja huérfanas, nos desliga de nuestro pasado, nos roba los sueños, nos deja desnudas y a la deriva. Nos hace desarrollarnos sin referentes claros, vivir desmemoriadas y nos obliga a reinventarnos a cada paso sin un mapa, una hoja de ruta, una brújula orientadora. Y para curarnos de esa orfandad, debemos salir en busca de nuestras madres, encontrarlas, abrazarlas y cogerlas de la mano para que nos guíen por el difícil camino de la existencia.
Eso es precisamente lo que consigue el proyecto “Ellas, nosotras”. Desde un “nosotras” colectivo, las fotógrafas participantes tratan de localizar, comprender y reconectar con un “ellas” previo, con una generación de madres, abuelas y hermanas cuya memoria nos negaron, pero cuya obra todavía resuena con fuerza a través de los ecos del tiempo. Alumbrándose con su cámara, cada una ha hecho un viaje a tientas entre las tinieblas para rescatar su genealogía a través del conocimiento, primero, y, después, de la práctica artística. En este diálogo transtemporal se han puesto en la piel de sus antecesoras, las han erigido en referentes y han aprendido de sus técnicas, sus obsesiones, sus recorridos vitales. Han recibido consejo tanto de las vivas como de las muertas y, con ello, han conjurado la condena a la indiferencia.
En nosotras ellas sobrevivirán una generación más, su memoria seguirá latiendo, su legado se convertirá en aprendizaje y después en sabiduría que se transmitirá a las que vendrán. Mantener nuestra genealogía artística es mejorar nuestra autoestima y procurarnos un futuro. Es sentir admiración por quienes fuimos y orgullo de quienes seremos. Por eso, mientras sigamos contándonos y recordando nuestros nombres sobreviviremos al olvido y podremos gritar desde las brumas de la historia junto a la poetisa Safo “os aseguro que alguien se acordará de nosotras en el futuro”.
Isabel Mellén




































